Vivimos en un contexto globalizado donde se imparten valores y prácticas que ponen en riesgo nuestra capacidad para sostener la vida en el planeta. La crisis ambiental que afrontamos es, en gran parte, el resultado de nuestra desconexión con el mundo natural. Nuestros desmedidos hábitos de consumo, producen una creciente demanda de energía, presión sobre los recursos naturales, emisiones de gases de efecto invernadero y contaminación del aire, tierra y agua del planeta. Se sabe que el 60% de los servicios de los ecosistemas que permiten la vida sobre nuestro planeta están siendo degradados (Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, ONU 2004); también que, en promedio, para mantener nuestros hábitos de consumo, necesitamos 22 hectáreas por persona y sólo hay 15.7 hectáreas disponibles (Informe GEO 4, PNUMA 2007). Se concluye que se requieren cambios radicales en nuestros comportamientos y valores en relación a cómo tratamos la naturaleza. Si consideramos que es durante la niñez cuando formamos nuestros valores por la vida, la situación se vuelve más preocupante aún, ya que somos testigos de cómo las niñas y los niños crecen cada vez más desvinculados de la naturaleza, con la idea de que su bienestar es independiente del estado de su entorno. En ANIA creemos que para afrontar y superar la crisis ambiental que vivimos,necesitamos migrar de una cultura de desunión a una de unión y amor con el mundo natural. Para ello es imprescindible que la sociedad haga un frente común y genere las condiciones necesarias para que las niñas y los niños desarrollen amor por la naturaleza y las capacidades para vivir en armonía con ella.
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